Firme, siempre blanco, siempre gato, siempre porcelana. A veces me pregunto si cobra vida, en qué piensa…Vigilante, furtivo, blanco, siempre blanco.
Y cada día igual, me levanto a las 6 AM, enciendo la radio, doy algunas vueltas en la cama y me demoro en levantar. Siempre tuve esa maña, de chico era imposible sacarme de las sabanas; mamá me traía el desayuno y me repetía 100 veces “Arriba Julio vas a llegar tarde, no quiero que te reten en la escuela, vamos”, pero no había caso, siempre apurado, siempre corriendo, siempre justo.
Ya de píe, me pongo las pantuflas rojas, una remera vieja de La Gloria con el nueve de Klimowicz y marcho en busca del café sin poder evitar el encuentro y paso casi de un salto, como para evitar su presencia y bajo la mirada en señal de derrota. Me pregunto, como en cada amanecer, ¿para qué lo conservo? ¿Para qué lo tengo?
Un periodista sagaz les canta las cuarenta a todo político que entrevista, mientras los oyentes se alborotan y echan odas al héroe del micrófono. El café está muy caliente, espero y hago unas tostadas, me doy cuenta entonces de que ya no tengo mermelada, Maldito Gato Blanco de Porcelana, dejo anotado en el imán de la heladera que debo pasar por Don Santini y hacer unas compras. El café esta tibio y lo tomo casi de un sorbo. Un diputado corta enojado. Miro la hora y parto, siempre apurado, siempre corriendo, siempre justo.
En el camino al trabajo a veces me enamoro, mi hermano dice que si te enamoras de una mina a las 7 de la matina esa es una mujer para casarse. Él cree que a esa hora debes medir el verdadero genio de la señorita en cuestión. El tranco es largo, juego carreras con los peatones y no piso nunca los bordes de los adoquines. Llego, saludo a Elvira, me tomo un vaso de agua en el dispenser de la recepción y paso a la oficina. Fausto, Horacio, Susana y Carlos ya están ahí. Susana siempre esta sola, mientras los muchachos opinan sobre los penales no cobrados, las jugadas polémicas del pasado fin de semana, Susana sola, siempre sola. El pelo recogido y la falda azul es lo que mejor le queda. A veces me sorprende mirándola desde mi escritorio y hasta se le dibuja en la cara una disimulada sonrisa, yo me muero de vergüenza y también sonrío. Pero no hay forma, Susana es feliz o por lo menos así parece, ¿porqué le daría corte a un tipo como yo?… Maldito Gato Blanco de Porcelana!!!!
Después de las 12 la tarde se hace eterna. A las 14 hs ya no tengo nada que hacer, pero finjo que trabajo, cada tanto espío a Susana, cada tanto la hago reír.
Fin del día, hora 16 minuto 1, marco tarjeta, saludo a Elvira, me tomo un vaso de agua en el dispenser de la recepción y parto como siempre… apurado, siempre corriendo, siempre justo. En el camino a casa me decido, “hoy me desquito de ese Maldito Gato Blanco de Porcelana” Ya esta todo planeado, llegaré cuando caiga la noche, sigiloso, ágil, centinela; giraré la llave sin el menor ruido posible, una vez dentro apagaré la luz de la sala que cada día olvido encendida. La oscuridad lo desconcertará, no sabrá si realmente he llegado o si se trata solo de un corte general. Una camisa que manche con vino servirá de capucha y mordaza. Reptando me arrimaré a su sitio y lo sorprenderé por la espalda. Tomaré su cuello y cegaré sus ojos firmes, siempre blancos, siempre gato, siempre porcelana. Una bolsa negra será su féretro; con normalidad saldré y depositaré la basura en el cesto, un saludo gentil a doña Ofelia será mi coartada y volveré adentro, liviano, puro, inocente.
Pueda ser que hoy me anime, que hoy lo haga. Pueda ser que no sea siempre igual, siempre apurado, siempre corriendo, siempre justo. Pueda ser que hoy, Laura, vuelvas a casa. FIN.
Caminos
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