Una calle hacia el abismo
Pan-Queso-Pan-Queso-Pan-Queso…vamos todavía!!!-grita Nico al ganar la contienda- -Bueno, yo elijo al “flaco” Pila, “Color”- dice “Pollito” señalando casi con el mentón al ligero pecoso de medias azules-“Melón”-retruca “Nico”, de nuevo en su turno, haciendo un gesto que invita al rubio arquerito sumarse a la fila- “Dieguito”, “Ema”, “Chicho”, “Pulga”, “Pelín”… de esa manera se iban formando los equipos que se preparaban para recrear una costumbre ya diaria en la calles de “El Cañito”; el picadito de las 4.
Víctor y “Marilo” son los encargados de buscar los ladrillos, o piedras grandes que pudieran hacer las veces de palo y delimitar así las vallas; con una precisión arquitectónica alinean los postes imaginarios, gritándose de una punta a la otra. Un fútbol, celeste y blanco, de cascos banana es el protagonista del juego. Pelota en mitad de cancha, entusiasmo, energía, agazapados esperan el inicio del encuentro. Y arrancan, pelotazo al aire y una vez más, pero a la vez única, el cuero vuelve a girar.
Esa mañana Don “Tito”, mecánico del barrio, y dueño de un talento inigualable para hacer vino patero, se despertó con una extraña sensación. “Chancho”, un perro repleto de pulgas que acompañaba a “Tito”, no había parado de ladrar en toda la noche. A media mañana esa sensación rara que se sentía en el pecho como un pinchazo se había disipado.
Era casi la hora del partidito de las 4 cuando “Tito” se llevo las manos al cuore, engrasando un atado de puchos que tenía en el bolsillo, para sobarse del dolor. Algo no andaba bien, él sabía que nada bueno iba a ocurrir aquella tarde en la cuadra del “El Cañito”. Preocupado se paro en el portón, como cada día, para ver jugar a los pibes, sin embargo no podía liberarse de ese pesado presentimiento, seguía las jugadas con angustia.
Saque de arco, “Melón” se la entrega a “Marilo”, éste aguanta la marca y la pasa a el “Pulga” que mete un pique corto increíble, desborda por la derecha y echa un centro justo para que en el medio del área “Chicho” se eleve y conecte la mejor tijera de su vida…Golazo!!!! Golazo!!!! Corrieron todos al abrazo del héroe, mientras “Tito”, más relajado, aplaudía y amagaba con sumarse a la montonera. Es allí que aquel pinchazo vuelve y se hace insoportable. “Tito” se arrodilla, se presiona el pecho y grita… Damian!!!
“El tano” Giampiero Baduzzi, que venía a buscar a su hijo, “Pelín”, para tomar el mate cocido ve como Don “Tito” señala hacía el final de la calle y para allá fueron todos.
En pocos minutos los vecinos del lugar habían invadido la zona, Chabela con un delantal lleno de harina, “Freddy” el del compra-venta, Lucía la mujer más vieja del barrio, y muchos otros, cada uno con la mirada fija en un solo lugar…
-¿Y usted qué vio, Roberto?- pregunta Chabela, que llama a “Tito” por su nombre, mientras se sacudía la 0000.
-Y como ver, no vi nada- dice “Tito” aún con los ojos desorbitados- “el chancho” fue el que me avivo, yo estaba festejando el golazo de “Chicho” cuando veo al perro correr hasta el tope, pero “Damiancito” y la pelota ya no estaban.
-¿Pero vo nos quere’decí que el Pibe se cayó al bache?-Interviene “Freddy” buscando una respuesta concreta.
-Y como decir… yo no puedo…
-El niño esta en el bache- interrumpe Juan Carlos, la dubitativa respuesta de “Tito”- y es necesario rescatarlo cuanto antes.
Juan Carlos era uno de los vecinos al que menos se lo veía por las calles de “El Cañito”. Era un sujeto uranio, recio, de pocas palabras. Los chicos del barrio lo llamaban Juan Carlos “Limón”.
Cuentan los viejos que Juan Carlos era así de “secote” por un accidente que había tenido de pequeño. Los habitantes más antiguos que conocían su historia los llamaban Juan Carlos, “el niño bache”. Así es, a los 12 años el por entonces Juancito se encontraba entrenando para un torneo de Bici Cross que pronto iba a disputarse en su ciudad. En una de las maniobras de velocidad, su rodado amarillo con detalles azules presenta una falla en el sistema de frenos, exactamente se salta un “taquito” y Juan Carlos fue a parar directo al gran bache de la calle costanera. A diferencia de Damian, no hubo testigos en el escena por lo que, aseguran los ancianos, “el niño bache” debió vivir un año y 4 meses en las oscuridades del “abismo”, hasta ser recuperado por la cuadrilla de bomberos voluntarios.
En efecto, Juan Carlos no hablaba nunca pero esta vez todos siguieron sus indicaciones. Rápidamente se organizaron para salvar cuanto antes al inocente Damian. Amarrado a una cuerda y asegurado con arnés Juan decide bajar en busca del joven accidentado. Respiro profundo antes de descender, muchos años habían pasado de aquel infortunio.
Todo abajo le era familiar, la reposera de Lucía, que fue arrastrada por la gran creciente del ’78, un arsenal de pelotas de fútbol de todos los tipos que se puedan imaginar, partes de autos, muñecas…Con una linterna avanzaba Juan, sigiloso. No debió trasladarse mucho, cuando debajo de un fino armario francés se escucha el casi imperceptible quejido de un niño. Allí estaba Damiancito, atascado sobre 100 Kilos de madera importada y algunos juegos de vajilla que aún permanecían en el mueble.
El resto es historia, Damian salió ileso del gran hueco, Chabela volvió a casa y termino de amasar sus tortas fritas, “Freddy” vendió una heladera a muy buen precio, Giampiero tomo el mate cocido con su hijo, Lucía termino la bufanda que tejía para uno de sus nietos, “Tito” prometió hacerle más caso a sus corazonadas y Juan Carlos regresó a su casa con la tranquilidad del deber cumplido, una sonrisa se dibujo en su cara. Y los chicos…los chicos después de un rato en silencio volvieron a felicitar a “Chicho” por el terrible golazo de esa tarde. FIN.
Caminos.
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Me gustò Caminos!!!Dejo saludos y mis sinceras felicitaciones por la descripcion precisa,pude sentirme alli dentro de esa historia e imaginarme a cada uno de los personajes….
Gracias Anto. Ya se viene la historia de Juan Carlos “el niño bache” y la supervivenvia durante un año y cuatro meses.
Saludos
Demasiado triste…. El niño Bache me remonto a un programa televisivo de los 90 muyyyyy bizarro se llamaba: “Sin Condena”… El que lo vio sabe a que me refiero…
Yo me acuerdo de “Alta Comedia”…
Y que tuvo que ver alta comedia???
Fue como decir: Mi abuela Plancha Resortes… Nada que ver…