Asecas

Lo toma o lo deja. Esta  frase define a un gran personaje acunado en las calles de barrio Ituzaingo.

Sujeto de gran porte. Sus manos eran enormes; en el barrio decían que cada vez que Juan te saludaba, no te estrechaba las palmas, sino que les daba un abrazo. Dos vueltas fácil podían dar sus dedos alrededor de nuestras manitas diminutas. Brazos como de roble, largos y anchísimos. Uno pensaba que si Asecas decidía algún día tatuarse un ancla en una de esas extensiones, el tatoo debía ser de tamaño natural. Alto infinitamente. No vaya a ser que te encontraras con el Tanke en la calle y te detuvieras a charlar un rato, porque del azufre en el cuello no zafabas.

Tenía un rostro temerario. Labios gruesos en posición de carroña; nariz chata y amplia; ojos de callejón, pequeños como de sospecha. El entrecejo era una zanja que le dividía la cara en dos; la ceja derecha siempre un cacho más arriba que la izquierda y  si  no conocías a Juan, tranquilamente  ante un inminente contacto uno  podía empezar a excusarse con frases del tipo… “Yo no fui eh” o “No estaba allí esa noche” Un lunar enorme distinguía la nuca de este muchacho.

Fanático de la redonda, Asecas era jugador del Club Infantil Barrio Ituzaingó, el CIBI, y era una fija encontrar los fines de semana al Tanke en la cancha de Don Zupai o Chupai como la apodaron los chicos del barrio, haciendo alusión a la ingesta de bebidas que habitualmente se toman una vez finalizado el picadito.

Los amigos una religión. Había que ver como Asecas se apasionaba al hablar de sus hermanos de la vida. “La negra”, “Pebete”, el “negro marrón”, “chirola”, “pocho”, “coki” y otros tantos que por lo general eran unidos por la pasión del fútbol.

Juan Asecas era un sujeto de “pocas pulgas” o de “genio corto” como quien dice. Una mística sabiduría lo envolvía. Juan te discutía de todo y siempre  tenía razón, y no vaya a ser que le retrucaras algo porque al toque amagaba con meterte un saque o un bollazononon. Habitualmente acostumbraba a cerrar los pleitos de esa manera.

Seguidor del popular Carlos Rufino “La Mona” Gimenez. Tenía por oficio el de heladero, una pequeña fábrica casera le servía de sustento para salir en su bici blanca, con la rueda delantera más chica, vistiendo siempre la camiseta de “Los Canarios”.

Era una escena sin ningún desperdicio ver el terrible espanto de los niños, que después de salir volando al grito de “Heladoooo” se encontraban con la fiereza de Asecas, que los esperaba con una amplísima sonrisa, no menos que paradójica, en señal de oferta e incitación a la compra. Algunos padres consideraban que el enfrentamiento de sus niños con el Tanke Asecas era una etapa importante en su crecimiento, sin dudas corrían con ventaja en relación a otros infantes que nunca cruzaron a la bestia, como le decían los vecinos.

En fin, más allá de la primera impresión, Juan siempre lograba comprarse a los mocosos. Tenía un gran carisma con los pibes, mozalbetes que al final de cuentas erigían a esta mole de las cremas heladas al pedestal de los ídolos de carne y hueso.

Pero este héroe de los infantes, fuerte, aguerrido en la cancha, magnánimo entre sus pares, era un verdadero flojo en el trabajo. Sí, como quien dice un vagoneta, perezoso, mamita. Y era tal la flojera de Asecas que peleaba con su paciencia todos los días a la hora de producir los palitos, bombón, helado. Era una tarea que lo fastidiaba  a más no poder, tal es así que empezó a acuñar la idea de elaborar un heladito que no se consumiera nunca, algo parecido a lamer un cartón, pero con gusto a frutilla. La vagancia lo puso nariz a nariz con la utopía.

La búsqueda del helado eterno no tardó en convertirse en una obsesión para Asecas. Sin las dotes que provee la instrucción académica y científica, el Tanke se aventuró a conseguir el sueño qué sería el sostén de su holgazanería excesiva.

El primer intento consistió en agregarle a la tradicional pasta de helado una pizca de yeso, 10 gr. cada 1 Kg. de preparación era la proporción. Sin los controles bromatológicos pertinentes el fanático de los Amarillos salió en su bici blanca con la rueda delantera más pequeña a recorrer el barrio. Las primeras pruebas fracasaron casi al instante. El helado permanecía tieso, pero la sensación al degustarlo se acercaba demasiado a  la de “lambetear” un azulejo de baño.

Para nada desalentado por el intento fallido llegó el segundo aventón. Se trato de una receta que incluía maicena, azúcar impalpable, huevos de codorniz, porlan, fástix, fluido Manchester y dos gotitas de esencia de vainillas para aminorar.  Luego de un proceso de refrigeración se obtenían paletas heladas que tranquilamente hubiesen sido furor en los años de la guerra fría. Otra vez el tanke salía a la calle con nueva pócima. Cuentan al respecto que el pobre niño que sirvió de conejillo de indias para la ingesta de aquella golosina terrorista, vio encanecido su cabello al instante y un pálido color azul tiño los labios del pobre mozuelo. Este hecho movió un poco los sólidos cimientos de Asecas. La puesta en peligro de la vida de un niño hizo que Juan decidiera alejarse para siempre de su laboratorio doméstico.

Para ahogar las penas esa misma noche el Tanke partió para el baile de la Mona, determinado a olvidar para siempre su ilusión. Todo marchaba normal, el disco de los bailanteros giraba sin parar, a los costados los azules no le mezquinaban al cachiporrazo para mantener la circulación y al fondo los muchachos en las mesas degustaban a dos manos  los manjares de la noche. Ninguno de los amigos del Tanke trataba de perderlo de vista, claro estaba que Juan se encontraba inmerso en una depresión terminal y podía hacer cualquier cosa. Encomiable tarea llevaban adelante aquella madrugada el Chino, Maroma y la Negra, rechazando las pulposas provocaciones de las chinitas moneras, con el único objetivo de no separarse de la bestia deprimida.   Pero en tan solo un parpadeo, en donde una Chichi fatal desgastaba la cintura al ritmo de Oh Mami, el Tanke se les escabulle a los muchachos y encara hacia la barra del lugar con el envión de un pensamiento terminal… En un vaso grande Asecas decide mezclar de manera criminal cubana con Fanta, sangría, vino tinto (cuba mayor), Ginebra y un toque de gaseosa cola como para meterle gas a la bomba.

          “Trago final y aguante el CIBI carajo” grito el Tanke, elevo el vaso y con pulso inestable orillo el veneno a esa trucha enorme que tenía…Tensión, miedo, adrenalina corría por su cuerpo…Y es así que en el instante justo en donde la primera gota explosiva se colará por la cavidad bucal del heladero malogrado se lo ve correr despavorido a la Negra que en un salto olímpico logra cabecear, cual balón que llueve en el área, el recipiente de la perdición. La autoridad presente confundió la actitud heroica de “la Negra” y después de dos palazos en el lomo a cada uno retira a los muchachos del baile por alteración del orden.

Cuentan los viejos de Ituzaingo que ese cabezazo certero salvo no solo la vida de Asecas, sino la del comerciante del baile quien al día siguiente y con grata sorpresa descubrió que todos los helados que no había vendido en la noche se encontraban aun en perfecto estado de conservación a pesar de que no habían estado al resguardo del hielo seco. Investigando este hecho asombroso de la química se descubrieron restos del líquido derramado del vaso final del Tanke. Así es, ese brebaje preparado para morir había resultado ser la consagración del gran sueño de Asecas. Juan fue destinado a vivir toda su vida sin saber que su utopía tenia los zapatos puestos. FIN.

Caminos

“Maldito Gato Blanco de Porcelana”

Firme, siempre blanco, siempre gato, siempre porcelana. A veces me pregunto si  cobra vida, en qué piensa…Vigilante, furtivo, blanco, siempre blanco.

Y cada día  igual, me levanto a las 6 AM, enciendo la radio, doy algunas vueltas en la cama y me demoro en levantar. Siempre tuve esa maña, de chico era imposible sacarme de las sabanas; mamá me traía el desayuno y me repetía 100 veces “Arriba Julio  vas a llegar tarde, no quiero que te reten en la escuela, vamos”, pero no había caso, siempre apurado, siempre corriendo, siempre justo.  

Ya de píe, me pongo las pantuflas rojas, una remera vieja de La Gloria con el nueve de  Klimowicz y marcho en busca del café sin poder evitar el encuentro y paso casi de un salto, como para evitar su presencia y bajo la mirada en señal de derrota. Me pregunto, como en cada amanecer,  ¿para qué lo conservo? ¿Para qué lo tengo?

Un  periodista sagaz  les canta las cuarenta a todo político que entrevista, mientras los oyentes se alborotan y echan odas al héroe del micrófono. El café está muy caliente, espero y hago unas tostadas, me doy cuenta entonces de que ya no tengo mermelada, Maldito Gato Blanco de Porcelana, dejo anotado en el imán de la heladera que debo pasar por Don Santini y hacer unas compras. El café esta tibio y lo tomo casi de un sorbo. Un diputado corta enojado. Miro la hora y parto, siempre apurado, siempre corriendo, siempre justo.

En el camino al trabajo a veces me enamoro, mi hermano dice que si te enamoras de una mina a las 7 de la matina esa es una mujer para casarse. Él cree que a esa hora debes medir el verdadero genio de la señorita en cuestión. El tranco es largo, juego carreras con los peatones y no piso nunca los bordes de los adoquines. Llego, saludo a Elvira, me tomo un vaso de agua en el dispenser de la recepción y paso a la oficina. Fausto, Horacio, Susana y Carlos ya están ahí. Susana siempre esta sola, mientras los muchachos opinan sobre los penales no cobrados, las jugadas polémicas del pasado fin de semana, Susana sola, siempre sola. El pelo recogido y la falda azul es lo que mejor le queda. A veces me sorprende mirándola desde mi escritorio y hasta se le dibuja en la cara una disimulada sonrisa, yo me muero de vergüenza y también sonrío. Pero no hay forma, Susana es feliz o por lo menos así parece, ¿porqué le daría corte a un tipo como yo?… Maldito Gato Blanco de Porcelana!!!!

Después de las 12  la tarde se hace eterna. A las 14 hs ya no tengo nada que hacer, pero finjo que trabajo, cada tanto espío a Susana, cada tanto la hago reír.

Fin del día, hora 16 minuto 1, marco tarjeta, saludo a Elvira, me tomo un vaso de agua en el dispenser de la recepción y parto como siempre… apurado, siempre corriendo, siempre justo. En el camino a casa me decido, “hoy  me desquito de ese Maldito Gato Blanco de Porcelana” Ya esta todo planeado, llegaré cuando caiga la noche, sigiloso, ágil, centinela; giraré la llave sin el menor ruido posible, una vez dentro apagaré la luz de la sala que cada día olvido encendida. La oscuridad lo desconcertará, no sabrá si realmente he llegado o si se trata solo de un corte general. Una camisa que manche con vino servirá de capucha y mordaza. Reptando me arrimaré a su sitio y lo sorprenderé por la espalda.  Tomaré su cuello y cegaré sus ojos firmes, siempre blancos, siempre gato, siempre porcelana. Una bolsa negra será su féretro; con normalidad saldré y depositaré la basura en el cesto, un saludo gentil a doña Ofelia será mi coartada y volveré adentro, liviano, puro, inocente.

Pueda ser que hoy me anime, que hoy lo haga. Pueda ser que no sea siempre igual, siempre apurado, siempre corriendo, siempre justo. Pueda ser que hoy, Laura, vuelvas a casa. FIN.

 

Caminos

HDMT (“Una calle hacia el abismo”)

Una calle hacia el abismo

 

Pan-Queso-Pan-Queso-Pan-Queso…vamos todavía!!!-grita Nico al ganar la contienda- -Bueno, yo  elijo al “flaco” Pila, “Color”- dice “Pollito” señalando casi con el mentón al ligero pecoso de medias azules-“Melón”-retruca “Nico”, de nuevo en su turno, haciendo un gesto que invita al rubio arquerito sumarse a la fila- “Dieguito”, “Ema”, “Chicho”, “Pulga”, “Pelín”… de esa manera se iban formando los equipos que se preparaban para recrear una costumbre ya diaria en la calles de “El Cañito”; el picadito de las 4.

Víctor y “Marilo” son los encargados de buscar los ladrillos, o piedras grandes que pudieran hacer las veces de palo y delimitar así las vallas; con una precisión arquitectónica alinean los postes imaginarios, gritándose de una punta a la otra. Un fútbol, celeste y blanco, de cascos banana es el protagonista del juego. Pelota en mitad de cancha, entusiasmo, energía, agazapados esperan el inicio del encuentro. Y arrancan, pelotazo al aire y una vez más, pero a la vez única, el cuero vuelve a girar.

Esa mañana Don “Tito”, mecánico del barrio, y dueño de un talento inigualable para hacer vino patero, se despertó con una extraña sensación. “Chancho”, un perro repleto de pulgas que acompañaba a “Tito”, no había parado de ladrar en toda la noche. A media mañana esa sensación rara que se sentía en el pecho como un pinchazo se había disipado.

Era casi la hora del partidito de las 4 cuando “Tito” se llevo las manos al cuore, engrasando un atado de puchos que tenía en el bolsillo, para sobarse del dolor. Algo no andaba bien, él  sabía que nada bueno iba a ocurrir aquella tarde en la cuadra del “El Cañito”. Preocupado se paro en el portón, como cada día, para ver jugar a los pibes, sin embargo no podía liberarse de ese pesado presentimiento, seguía las jugadas con angustia.

Saque de arco, “Melón” se la entrega a “Marilo”, éste aguanta la marca y la pasa a el “Pulga” que mete un pique corto increíble, desborda por la derecha y echa un centro justo para que en el medio del área “Chicho” se eleve y conecte la mejor tijera de su vida…Golazo!!!! Golazo!!!! Corrieron todos al abrazo del héroe, mientras “Tito”, más relajado, aplaudía y amagaba con sumarse a la montonera. Es allí que aquel pinchazo vuelve y se hace insoportable. “Tito” se arrodilla, se presiona el pecho y grita… Damian!!!

“El tano” Giampiero Baduzzi, que venía a buscar a su hijo, “Pelín”, para tomar el mate cocido ve como Don “Tito” señala hacía el final de la calle y para allá fueron todos.

En pocos minutos los vecinos del lugar habían invadido la zona, Chabela con un delantal lleno de harina, “Freddy” el del compra-venta, Lucía la mujer más vieja del barrio, y muchos otros, cada uno con la mirada fija en un solo lugar…

-¿Y usted qué vio, Roberto?- pregunta Chabela, que llama a “Tito” por su nombre, mientras se sacudía la 0000.

-Y como ver, no vi nada- dice “Tito” aún con los ojos desorbitados- “el chancho” fue el que me avivo, yo estaba festejando el golazo de “Chicho” cuando veo al perro correr hasta el tope, pero “Damiancito” y la pelota ya no estaban.

-¿Pero vo nos quere’decí que el Pibe se cayó al bache?-Interviene “Freddy” buscando una respuesta concreta.

-Y como decir… yo no puedo…

-El niño esta en el bache- interrumpe Juan Carlos, la dubitativa respuesta de “Tito”- y es necesario rescatarlo cuanto antes.

Juan Carlos era uno de los vecinos al que menos se lo veía por las calles de “El Cañito”. Era un sujeto uranio, recio, de pocas palabras. Los chicos del barrio lo llamaban Juan Carlos “Limón”.

Cuentan los viejos que Juan Carlos era así de “secote” por un accidente que había tenido de pequeño. Los habitantes más antiguos que conocían su historia los llamaban Juan Carlos, “el niño bache”. Así es, a los 12 años el por entonces Juancito se encontraba entrenando para un torneo de Bici Cross que pronto iba a disputarse en su ciudad. En una de las maniobras de velocidad, su rodado amarillo con detalles azules presenta una falla en el sistema de frenos, exactamente se salta un “taquito” y Juan Carlos fue a parar directo al gran bache de la calle costanera. A diferencia de Damian, no hubo testigos en el escena por lo que, aseguran los ancianos, “el niño bache” debió vivir un año y 4 meses en las oscuridades del “abismo”, hasta ser recuperado por la cuadrilla de bomberos voluntarios.

En efecto, Juan Carlos no hablaba nunca pero esta vez todos siguieron sus indicaciones. Rápidamente se organizaron para salvar cuanto antes al inocente Damian. Amarrado a una cuerda y asegurado con arnés Juan decide bajar en busca del joven accidentado. Respiro profundo antes de descender, muchos años habían pasado de aquel infortunio.

Todo abajo le era familiar, la reposera de Lucía, que fue arrastrada por la gran creciente del ’78, un arsenal de pelotas de fútbol de todos los tipos que se puedan imaginar, partes de autos, muñecas…Con una linterna avanzaba Juan, sigiloso. No debió trasladarse mucho, cuando debajo de un fino armario francés se escucha el casi imperceptible quejido de un niño. Allí estaba Damiancito, atascado sobre 100 Kilos de madera importada y algunos juegos de vajilla que aún permanecían en el mueble.

El resto es historia, Damian salió ileso del gran hueco, Chabela volvió a casa y termino de amasar sus tortas fritas, “Freddy” vendió una heladera a muy buen precio, Giampiero tomo el mate cocido con su hijo, Lucía termino la bufanda que tejía para uno de sus nietos, “Tito” prometió hacerle más caso a sus corazonadas y Juan Carlos regresó a su casa con la tranquilidad del deber cumplido, una sonrisa se dibujo en su cara. Y los chicos…los chicos después de un rato en silencio volvieron a felicitar a “Chicho” por el terrible golazo de esa tarde. FIN.

 

Caminos.

Me robaron el celular (Again)

“El muslo del delito”

Miércoles, 23 hs. Clima cálido, una leve brisa peinaba mis ganas de volver a casa y a la vez me ofrecían las caricias que necesitaba para hacer frente a la eterna espera de mi auto urbano.  En la parada de mi coche se encontraban un grupo de jóvenes; cada uno relataba experiencias milagrosas que habían vivido supuestamente asistiendo a un recinto religioso de relativa popularidad: “Yo no creía pero ese hombre llegó en silla de ruedas y salió caminando después que el pastor lo tocara” “Yo conseguí trabajo” “Yo vi como…” Y el rebelde A2 que no venía… Es increíble como una situación tan común y corriente, como aguardar un bus, puede engendrar los pensamientos más oscuros de una persona.

 Otra línea llega (por supuesto nunca es la de uno) y levanta a los adolescentes creyentes, que abandonan la escena dejándome solo y en paz. Para ese entonces ya había pasado por todos los estados de la infinita vigila, encontrándome en el último de ellos, la resignación, cuando a los lejos puedo divisar la luz y el color de la esperanza… No hay espera que dure 100 años, ni pasajero que viva para aguantarla. Me subo al megacarro y  rápidamente veo que solo quedaba un asiento doble libre, sin prisa y sin tomarme del pasamano en soberbia demostración de equilibrio civil, llego al asiento y tomo el lado de la ventanilla. No hay nada que me guste más que viajar y en particular de noche, las luces de las calles, el caminar genuino del transeúnte, los perros fisgones de residuos… inquietante tranquilidad, como si nada malo pudiera pasar.

Ya para mitad de trayecto, un sujeto más se suma al aventón, de 1.60 de alto, vestía gorra blanca levemente inclinada hacia arriba, dejando entrever un flequillo finamente delineado, pantalones ¾ y unas zapatillas que debían tener un valor nominal de $1.000.000. Aún el único asiento disponible era el que estaba a mi lado, por lo cual este mozalbete no duda en arrojarse a la oportunidad de doblar un poco las rodillas. Los asientos dobles de los bondis son demasiados pequeños, como si hubieran tomado los moldes con niños de 5 años de edad. El hecho es que apenas respiraba de lo contraído que estaba, mis rodillas casi le daban los 5 a mis hombros.

Por suerte quedaba poco de aquel acto de contracción propio de un circo ruso, mi hogar ya estaba a tiro de piedra. Llegó mi turno, las fachadas conocidas me hacían guiños y saludaban mi regreso al nido una vez más. Solicite permiso y el muchacho del calzado oneroso me lo cede con extraña amabilidad, ordeno a fuerza botón y el carro me abre las puertas al descanso. Bajo.

40 milésimas después…

Al estilo check tanteo mis bolsillos; trasero derecho: billetera, delantero izquierdo: llaves y chicles, delantero diestro nada……….nada?…….NADA!!!!!! Un rayo de adrenalina me impacta la frente!!! Hijo de Puta estalla en mi pecho!!! Y una imagen se me pone en frente como la proyección de mis ojos:  “El sujeto de las llantas supercaras y flequillo trabajado al dejar yo mi posición se corre rápidamente en actitud sospechosa, moviendo ,para ocupar parte del asiento caliente, su extremidad inferior derecha en un acto de ocultismo barato y vil… Debajo de ese muslo del delito yacía victima de la viveza pasajera mí viejo, demacrado y angustioso celular… No pude entonces menos que correr, correr y correr por él…como sí mi vida dependiera de ello. Nunca más voy a volar de manera igual en lo que me quede de existencia. Era alevoso como seguía la ruta del hurto al grito de PARA CULIA!!!! Un grupo de amigos de lo ajeno que estaban sentados en una calle tumba de mi barrio me vieron cortar el aire como un bala perdida, y aún hoy me imagino sus ojos repletos de emoción y orgullo por creer ver a uno de los suyos en tan buen estado físico en su huida del hombre azul y la sirena, si hasta faltaron los aplausos de aquella platea ratera…

El corazón subía por la cuerda de la traquea en dirección a la boca y los pulmones trabajaban al máximo de su capacidad operativa. En cuanto más corría más me alejaba de la pronunciación de un lenguaje entendible “Fhhhh,Fhhhh, uliaaaaa padaaaaa, badabadabadaaaaa ehhhh!!!! La ley de las esquinas me dio respiro al tener que someterse el motorizado a ella; pude llegar al lado de la ventanilla del chofer y cuando le quise gritar que parara un segundo un nudo me estranguló la voz  y la justicia  verde  libero nuevamente la máquina… El mundo se me vino abajo, mi mente quería seguir pero el cuerpo ya estaba en Hawai. Es así que un tacho salvador para ante mi súplica y  al imperativo “urgente siga ese colectivo” reanudamos la persecución, esta vez en cuatro ruedas. En menos de 200 metros interceptamos al vehiculo en cuestión y lo obligamos a detenerse… Después de un largo asecho salté a la unidad de transporte y posterior a que mi mirada le extirpara los ojos al chofer ciego sordo y mudo, gire la vista al asiento ponzoñoso y una decepción que no cabía en mi humanidad sentencia la ausencia de rastros del miserable, un trago de impotencia me raspo la garganta…

Demasiada historia por un  viejo, demacrado y angustioso celular. Maldito el ladrón, pero que desubicadas zapatillas que tenía ese cristiano!!!

 

Caminos

100 HORAS DE TEATRO

Del 3 al 6 de abril se realizará el cuarto festival “100 Horas de Teatro” organizado por la Dirección de Cultura y la División de Teatro, dependientes de la Municipalidad de Córdoba.

 

10 obras en escena. Le pregunto a la mesa si recuerda tus manos…, Valle del Silencio, Edipo R., Aposematismo, Un poco más de mermelada, Geográfico (Pedacitos Bailados), Quien se quema con leche al ver la vaca llora, Animal de vuelo, El Cetro y La Cáscara del huevo.

 

Programación Completa:

 

Obra Sala Día y Hora
La Cáscara del Huevo  Cineclub Municipal 03-04, 20 hs
Animal de Vuelo  Ctro. Cral. Villa Libertador 03-04, 20 hs
Aposematismo  Quinto Deva 03-04, 22 hs
Un poco más de mermelada  Cineclub Municipal 03-04, 23 hs
Quien se quema con leche al ver la vaca llora  Cineclub Municipal 04-04 20 hs
Edipo R.  Ctro. Cral. Villa Libertador 04-04 20 hs
El Cetro  Cineclub Municipal 04-04 23 hs
Geográfico  Cineclub Municipal 05-04 20 hs
Valle del Silencio  Cineclub Municipal 05-04 23 hs
Le pregunto a la mesa si recuerda tus manos…  Cineclub Municipal 06-04 20 hs

 

Direcciones: Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49); Centro Cultural Villa Libertador (Caracas 5413, casi Av. 25 de Mayo, Villa El Libertador) y Teatro Quinto Deva (Pasaje Agustín Pérez 10, Zona ex-Mercado de Abasto).
Precios: Las funciones en el Centro Cultural Villa El Libertador son gratuitas. La entrada a las otras dos salas es de $ 8.

Malpaso 12 de Diciembre

malpaso-cartelera


http://www.malpaso.info

Programación Fiesta Provincial del Teatro Córdoba 2008

 

Sede Córdoba Capital   
Salas Sabado 15 Domingo 16
Cirulaxia Quien se quema  Subdesarrolladas, el 
Pasaje Agustín Perez 12 con leche 20,30 HS * mundo nos excede 22 HS
Almazena DXD Docentes  La Perla – Acto 
9 de Julio 4331 Bº Las Palmas por Docentes 22 HS de presencia 22 HS
Bataclana Murt Murt
Arturo M. Bas 1083 Bº Güemes 21 HS 21 HS
La Calle El colectivo  
Gral Bustos 1000 Bº Cofico de la Banda 23,50 HS   
La Luna El trotamundos  En burrito a la Escuela 19 HS
Pasaje Escuti 915 Bº Güemes 21,30 hs Autoconjuradas 21,30 Hs 
La Chacarita Por los peces  
Jacinto Ríos 1449 Bº Pueyrredón y los panes 23 HS *  
Medida x Medida Parabellum La Gran Fleita 
Vélez Sarsfield 707 Bº Nva. Córdoba 19 HS Grosería 23 HS *
Grotte Damas Patricias Collage. Una historía de
Padre Grotte 1080 Bº Gral Bustos 22,30 HS amor y humor 21,30 HS
Quinto deva Aposematismo Valle del Silencio
Pasaje Agustín Perez 10 21,30 HS 20,30 HS
DocumentA Así al Final del Día  
Lima 364 Centro 23 HS  
La Cochera La Fonda Cordobesa Charata 19 HS *
Fructuoso Rivera 541 Bº Güemes 21,30 HS ** Se nos volo 21,30 HS 

  Costos de las entradas:

  • * Obras que concursan: $5
  • ** Incluye cena: $40
  • Las demas obras, los precios oscilan entre $10 y $20